martes, 27 de marzo de 2012


¿Qué vimos el fin de semana?

Another Earth (8/10)

Rhoda Williams (Brit Marling) es una joven con gran futuro que a los diecisiete años es admitida en un programa de astrofísica del MIT, pero que los descuidos propios de la adolescencia le harán pagar un precio muy alto al toparse trágicamente con la vida del profesor Jhon Borroughs (William Maphoter), mientras en la noticias se informa la existencia de un planeta azul similar al nuestro.
Todos estos elementos son excusa para narrar una historia con tintes filosóficos que rodean a todas aquellos factores que se desencadenan tras una tragedia en donde perecen personas queridas. La búsqueda desgarradora de una joven por la redención de su error y la necesidad desesperada por hacer un poco mejor la vida de quien dañó, son el eje central de esta película que sabe mezclar el sentimiento con la ciencia ficción.
Lo más destacable del film es la fotografía utilizada, combinada con una excelente banda sonora por medio de la cual se filtran los auténticos momentos memorables de la historia. La actuación de los protagonistas es sobria y creíble, permitiendo adentrarse en la trama propuesta sin abusar de sentimentalismos ni del exagerado drama.
El final, polémico e impactante, sobre todo porque sucede en los últimos cinco minutos del desenlace, abre un sinfín de interrogantes. Personalmente, me dio la sensación de que la búsqueda es infinita, ese vago y tenaz pensamiento de que la vida de los otros y en otro lado es mejor, mucho más conveniente para borrar los errores que nos duelen, para volver a empezar de nuevo.



El mundo es grande y la salvación está a la vuelta de la 

esquina (7/10)

Todas las películas que tienen como centro del argumento algún juego de mesa ligado a la niñez me llaman mucho la atención. Y en éste film están todos los elementos que caracterizan a ese tipo de historias, aunque luego uno se pregunta si esto es un pro o un contra. La trama de la película es sencilla: un muchacho joven padece un accidente de tránsito en donde pierde la memoria completamente. Su abuelo viaja desde Bulgaria para asistir a su nieto y tratar de que pueda recuperarla, valiéndose de emotivos y cómicos métodos para conseguirlo y, finalmente, decidir volver a casa en bicicleta mientras en el camino sucede todo tipo de cosas que devuelven los recuerdos al joven Alex.
Cargada de miradas tiernas y mensajes de familia, esta película es original por lo maravilloso de sus actores, especialmente por el desopilante papel de Miki Manojilovic, interpretando a un campeón barrial de backgammon, juego que enseñó dedicadamente a su nieto y que luego se transformará en herramienta para comprender y afrontar ciertas vicisitudes de la vida.
Un argumento sencillo y emotivo, que transcurre entre preciosos paisajes y una linda banda sonora, dan como resultado una película que por momentos se vuelve algo lenta y predecible,  pero que no desilusiona. Es una linda metáfora en la que el backgammon es como la vida misma, muchas veces propia, muchas veces, puro azar.  



El clásico del fin de semana: 

Taxi Driver (10/10)

Es tan atractiva la idea de materializar la percepción del protagonista desde el espejo retrovisor de un taxi que, partiendo de aquí, ya es un acierto. La visión de Nueva York es la exacta: vicios, peligro, una noche de excesos, drogas, personajes marginales y desviados. El mismo protagonista, Travis, (un joven DeNiro que está para llevarse todos los suspiros) se siente identificado con estas personas y comienza a sentirse atraído por sus historias personales, defraudado por el rechazo que sufre de la mujer de la cual estaba enamorado, situación que no hace más que sacar la verdadera personalidad de un tipo inestable y paranoico.
Transitando la historia a partir de la narración en primera persona de Travis, Scorsese nos quiere mostrar sin filtro la curda denuncia a la sociedad norteamericana de los años 70 y el cóctel de personajes que ahí habitan. Travis termina odiándolos y sintiendo repugnancia por todos. No falta ningún condimento: la política y su eterna promesa de cambiar el mundo, la mujer virginal e inaccesible, el libertinaje de Iris, una niña prostituta que termina siendo el hilo de salvación de Travis, chulos, negros, proxenetas, policías corruptos, tráficos de armas. Y sobre todo, un inmenso desasosiego interpretado a la perfección por DeNiro, manifestado en cada escena, en esa inconfundible banda sonora y en cada detalle de esas oscuras calles de Nueva York.
Uno no puede más que sentirse parte de toda esa escena y encontrar en esas callejuelas las mismas miserias que Travis, la misma desolación, la misma necesidad de intentar cambiar algo. El final es preciso, irónico y polémico. Una sola cosa queda clara al finalizar la historia y afirma el poder de este film para ser un clásico: el deseo de volver a ver Taxi Driver.  




martes, 13 de marzo de 2012

La invención de Hugo Cabret (5/10)

Un homenaje que se olvida de ser película


Escuché muy buenas críticas de esta película, de su fotografía y de la emotividad que se cuela en el argumento al homenajear al cine y a sus más altos exponentes. A mi entender éste último elemento fue la falla de la película; la intensión se impone sobre el argumento volviéndola un film tedioso, acartonado, predecible y no termina de amalgamarse.

La actuación del niño que hace de Hugo me resultó muy distante, poco natural; por momentos hacía muecas con su cara que me sacaban del contexto del argumento; lo mismo me pasó con la chica, que si bien se luce mejor, me molestaban ciertas tomas sobreactuadas y exageradas. Pero lo peor sin dudas era el personaje del policía (Sacha Baron Cohen) que, por lo menos en mi caso, no despertó ni una sola sonrisa, quizás por lo mal caracterizado, quizás por lo extenso que resultaba la persecución al chico, topándose en la estación con otros personajes igual de deslucidos. Sin dudas fue Ben Kingsley quien tuvo la tarea de ponerse la película sobre el hombro y llevarla adelante; lo hizo muy bien, también me gusto la breve aparición de Jude Law con su carismática mirada de padre bondadoso.

Lo demás, música, ambientación, fotografía, recursos gráficos, están bien logrados. Se nota que hay trabajo y dinero en esa producción, pero no termina de convencer. Apela a la emotividad de toparnos con referencias como Viaje a la Luna, de George Meliés, lo cual resulta interesante y colorido, pero el problema es que lo hace mediante un guión lento, lentísimo por momentos, con un personaje principal que no cautiva, le cuesta la interpretación y su papel de ve poco fresco y endurecido.

La invención de Hugo Cabret no me cautivó; no me provocó ni emoción, ni alegría ni esperanza. Considero que la intensión de homenajear los comienzos del cine a partir de la historia de un niño en busca de los que quedó de su padre, con guiños escondidos para los entendidos del séptimo, no logro hechizarme más que por muy escasos momentos. 




The Artist (10/10)

La felicidad de no hallar palabras


Sé que una película se volverá inolvidable para mí cuando, finalizada, me debato entre la risa y las lágrimas. Y eso me generó The Artist, una película que, aunque sabía que tenía excelentes críticas, descansó más de dos semanas en la mesa de luz sin dignarme a verla. Quizás por disponerme a mirarla sin ningún tipo de preconcepto es que me maravilló de tal forma. Qué acierto resultó que fuera filmada en mudo y, sobre todo, en blanco y negro; que los personajes no resultaren caras archi conocidas (salvo por el multifacético  y siempre espléndido James Cromwell). Por la inclusión de ese perrito que representa tanto en el filme. Y sobre todo qué acierto poner como protagonista a Jean Dujardin, ese francés que parece arrancado de los años veinte y puesto ahí para ejemplificar a la perfección lo que era un caballero de esos tiempos.


Para mí, The Artist es una película excelente y mágica. Mágica porque me introduje en la historia desde el primer momento; porque me olvidé de que la película no tenía diálogos y me dejé llevar por esa preciosa banda sonora; es mágica porque los rostros superaban la ausencia de palabras; porque la fidelidad estaba puesta en un chofer y en un perro; porque el amor no buscó cambiar, sino adaptar; porque uno se olvida de ver y aprende a mirar.


La retrospección del cine mudo que sirve como homenaje a lo que fue los comienzos de éste arte resulta impecable en todas sus aristas: vestuario, maquillaje, escenarios, fotografías, modos de actuar y de relacionarse. Es tremendamente coherente con la música propuesta. Mención aparte merece la escena en que el protagonista sueña “con sonidos”, a modo de pesadilla. Todo parece encajar en su justo lugar y es quizás la explicación de porqué está película resulta un hechizo para el espectador. El argumento está tan bien plasmado que casi no se encuentran grietas por las que uno podría disentir, y fluye generando emociones que varían desde la ternura, la congoja, la risa, la tristeza y admiración.
Los últimos diez minutos me resultaron maravillosos; vale la pena mirarlo y descubrir porqué.


El orgullo del artista, el paso del tiempo como pretexto cruel para el descarte, la dificultad de adaptación a lo que resulta nuevo, el amor como rescate, la lealtad de un amigo humano o animal, hicieron de The Artist una película que, paradójicamente, permanecerá inmutable en el tiempo.