¿Qué vimos el fin de semana?
Another
Earth (8/10)
Rhoda
Williams (Brit Marling) es una joven con gran futuro que a los diecisiete años
es admitida en un programa de astrofísica del MIT, pero que los descuidos propios
de la adolescencia le harán pagar un precio muy alto al toparse trágicamente
con la vida del profesor Jhon Borroughs (William Maphoter), mientras en la
noticias se informa la existencia de un planeta azul similar al nuestro.
Todos
estos elementos son excusa para narrar una historia con tintes filosóficos que
rodean a todas aquellos factores que se desencadenan tras una tragedia en donde
perecen personas queridas. La búsqueda desgarradora de una joven por la
redención de su error y la necesidad desesperada por hacer un poco mejor la
vida de quien dañó, son el eje central de esta película que sabe mezclar el
sentimiento con la ciencia ficción.
Lo
más destacable del film es la fotografía utilizada, combinada con una excelente
banda sonora por medio de la cual se filtran los auténticos momentos memorables
de la historia. La actuación de los protagonistas es sobria y creíble,
permitiendo adentrarse en la trama propuesta sin abusar de sentimentalismos ni del exagerado drama.
El
final, polémico e impactante, sobre todo porque sucede en los últimos cinco
minutos del desenlace, abre un sinfín de interrogantes. Personalmente, me dio la
sensación de que la búsqueda es infinita, ese vago y tenaz pensamiento de que
la vida de los otros y en otro lado es mejor, mucho más conveniente para borrar
los errores que nos duelen, para volver a empezar de nuevo.
El
mundo es grande y la salvación está a la vuelta de la
esquina (7/10)
Todas
las películas que tienen como centro del argumento algún juego de mesa ligado a
la niñez me llaman mucho la atención. Y en éste film están todos los elementos
que caracterizan a ese tipo de historias, aunque luego uno se pregunta si esto es
un pro o un contra. La trama de la película es sencilla: un muchacho joven
padece un accidente de tránsito en donde pierde la memoria completamente. Su abuelo
viaja desde Bulgaria para asistir a su nieto y tratar de que pueda recuperarla, valiéndose de emotivos y cómicos métodos para conseguirlo y, finalmente, decidir volver a casa en bicicleta mientras en el camino sucede
todo tipo de cosas que devuelven los recuerdos al joven Alex.
Cargada
de miradas tiernas y mensajes de familia, esta película es original por lo
maravilloso de sus actores, especialmente por el desopilante papel de Miki
Manojilovic, interpretando a un campeón barrial de backgammon, juego que enseñó
dedicadamente a su nieto y que luego se transformará en herramienta para
comprender y afrontar ciertas vicisitudes de la vida.
Un
argumento sencillo y emotivo, que transcurre entre preciosos paisajes y una
linda banda sonora, dan como resultado una película que por momentos se vuelve
algo lenta y predecible, pero que no desilusiona.
Es una linda metáfora en la que el backgammon es como la vida misma, muchas
veces propia, muchas veces, puro azar.
El
clásico del fin de semana:
Taxi Driver (10/10)
Es
tan atractiva la idea de materializar la percepción del protagonista desde el
espejo retrovisor de un taxi que, partiendo de aquí, ya es un acierto. La visión de Nueva
York es la exacta: vicios, peligro, una noche de excesos, drogas, personajes
marginales y desviados. El mismo protagonista, Travis, (un joven DeNiro que
está para llevarse todos los suspiros) se siente identificado con estas
personas y comienza a sentirse atraído por sus historias personales, defraudado
por el rechazo que sufre de la mujer de la cual estaba enamorado, situación que
no hace más que sacar la verdadera personalidad de un tipo inestable y
paranoico.
Transitando
la historia a partir de la narración en primera persona de Travis, Scorsese nos quiere
mostrar sin filtro la curda denuncia a la sociedad norteamericana de los años
70 y el cóctel de personajes que ahí habitan. Travis termina odiándolos y sintiendo
repugnancia por todos. No falta ningún condimento: la política y su eterna
promesa de cambiar el mundo, la mujer virginal e inaccesible, el libertinaje de
Iris, una niña prostituta que termina siendo el hilo de salvación de Travis,
chulos, negros, proxenetas, policías corruptos, tráficos de armas. Y sobre
todo, un inmenso desasosiego interpretado a la perfección por DeNiro,
manifestado en cada escena, en esa inconfundible banda sonora y en cada detalle
de esas oscuras calles de Nueva York.
Uno
no puede más que sentirse parte de toda esa escena y encontrar en esas callejuelas las
mismas miserias que Travis, la misma desolación, la misma necesidad de intentar
cambiar algo. El final es preciso, irónico y polémico. Una sola cosa queda
clara al finalizar la historia y afirma el poder de este film para ser un
clásico: el deseo de volver a ver Taxi Driver.




